martes, 14 de junio de 2016

LA PALMADITA...

¡Cuán importante es!


A todos nos gusta que nos reconozcan lo que hacemos, lo que nos esforzamos para entregar un proyecto, para hacer una rica comida, lo que luchamos para conseguir un sueños, etc. En estos casos hacemos alusión al “reconocimiento social”, sobre el que hablaremos en este post partiendo de sus 2 tipologías, por distinción y por conformidad.


Por conformidad: cuando hablamos de este reconocimiento nos referimos a la necesidad del individuo de pertenecer a un grupo y para ello se adapta a las necesidades de ese grupo, aceptando las opiniones, sentimientos y conductas de la mayoría y/o el líder para pertenecer a él. De ahí la conformidad.


En cambio, cuando hablamos del reconocimiento por distinción nos referimos a cuando las personas quieren verse percibidas como diferentes, algo por lo que el esto no puede ser reconocido. En este caso no solo hablamos de ser diferentes completamente sino de haber hecho bien algo en un momento determinado y que nos lo reconozcan.
Sobre este último tipo de reconocimiento es sobre el que vamos a hablar. El hecho de que nos reconozcan nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, nuestra entrega, tanto en lo personal como en lo profesional es algo que todos necesitamos en mayor o menor medida.


Necesitar el reconocimiento constante sí puede llegar a convertirse en un gran problema, pues de no tenerlo nos podemos llegar frustrar. Sin embargo, que nos guste que nos reconozcan, es decir, que nos digan “gracias me ha gustado mucho como has desarrollado este proyecto” “me encanta tu paella” “gracias por escucharme, eres genial”, etc, es algo bueno y muy poderoso. El reconocimiento utilizado correctamente y en su justa medida es un gran impulsor de empoderamiento para la otra persona, pues le haces darse cuenta de su valía y de lo que es capaz de lograr.


Por otro lado, si el reconocimiento es excesivo, pierde la fuerza que tiene por ende y pasa a no causar efecto o incrementar de mala manera el ego de la persona. Poniendo un ejemplo: si a alguien en el trabajo le dicen constantemente “eres muy bueno, eres el mejor, lo haces genial, etc” puede suceder que “se lo crea” y pierda humildad o que ese reconocimiento pierda su efecto, pues es algo que ya forma parte del día a día y no se le da importancia.


A continuación muestro un esquema que resume todo lo anterior:



Tras esto, te recomiendo que piense unos minutos el tipo de reconocimiento que te gusta recibir y el que tú mismo das a los demás. Puedes detectar el reconocimiento que tu corazón te pide y el que recibes y comprobar si están en consonancia. De no estarlo, tú tienes las claves para el cambio:

-  Identifica cuándo necesitas ese reconocimiento no recibido.

- Detecta si depende de ti, es decir, ¿puedes hacer algo para recibir ese reconocimiento?. Si la respuesta es afirmativa, lo tienes fácil, si es negativa, te animo a que te des tú mismo ese reconocimiento, “fuerza” que necesitas. Ten en cuenta que solo podemos cambiar lo que depende de nosotros. Por ello, sino depende de ti, haz lo posible para aliviar esa necesidad proporcionándote tú mismo la solución.


Para terminar te dejo una bonita frase de Arturo Noria:




Cristina González Manzano
Coach Certificada / RRHH / Formación/ Headhunting
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